Abril 2012 • Año XI
#24
Temas de escuela

Tres notas sobre la traducción analítica

Alejandro Willington

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Eugenio Cuttica. Luna y el árbol de la vida
2011. Acrílico y Óleo. Díptico 240 x 400 cm. Zamora Arte. ArteBA 2012. Cortesía de ArteBA fundación.

1- Traducción y formación

Podemos pensar el trabajo de traducción de textos en psicoanálisis, por qué no, como una experiencia también de formación. Las anécdotas de los traductores lo atestiguan cuando, sin llegar al lapsus calami del traductor, nos cuentan acerca de los puntos de detención y dudas, a veces insalvables, que los textos en otra lengua generan. La propia formación analítica, del analista-traductor, incide por supuesto. El ejercicio de la traducción, su hacer con otras lenguas, siempre en más de un punto ajenas u opacas, suele depararnos ciertos pasajes, conceptos o argumentos particularmente arduos, difíciles; puntos por fuera del sentido en los que encallamos y a partir de los cuales, a veces, despertamos a otras lecturas del texto analítico. Así, por ejemplo, refiero un trabajo que me tocó traducir hace ya varios años, se trata de “Siete sustituciones para la época” (clases 14 y 15 de “El Lugar y el lazo”), de Jacques-Alain Miller, publicado en la revista Mediodicho. Recortemos algunos párrafos que giran en torno a una cuestión mencionada por Lacan de manera enigmática, muy bien expuesta aquí por Miller, la de la morosidad analítica:

“Esta morosidad -es el nombre de un afecto- en efecto se opone al alegre saber, al alegre saber del desciframiento. Y es este alegre saber que Lacan pudo tomar... y en qué movimiento, en qué arrebato de su primera enseñanza. Pero que al contrario, allí donde se trata del girar en redondo del modo de gozar, si el analista abandona el desciframiento, si abandona la posición de Leonardo, entonces lo que lo afecta en su operación es la morosidad.

Es una invitación a salvar algo de lo que Lacan llama -yo terminaría aquí…- lo que Lacan llama -pongamos aquí todas las reservas- el pensamiento del psicoanalista. El pensamiento del psicoanalista, dice él, sufre una succión, está como aspirado por la hendidura que se abre en su ejercicio mismo. Y en la práctica, dice él, esta hendidura toma la forma -creo que jamás he citado esta expresión, en tanto que ella está hecha para eso estando planteadas todas sus asonancias-, toma la forma de la insistencia, dice él, de una indecente intimidad.”[1]

La traducción, su arduo ejercicio, es también un desciframiento, por momentos no del todo alegre, que muchas veces nos obliga a sacudirnos cierta modorra de encima, la morosidad en la que por momentos caemos en nuestros análisis, o respecto a nuestra propia lengua analítica, a veces casi en la indecente intimidad de rebajarla a un uso hasta del orden del sentido común; eso que era lo más aborrecido para Joyce.

 

2- Traducción y discurso

Esto nos permite plantear un problema. Por ejemplo, la traducción de los textos de Jacques-Alain Miller (en los que podríamos incluir los seminarios de Lacan, ya que hace poco nos enteramos que el propio Lacan lo quería a Miller como coautor de los mismos) como experiencia discursiva de pasaje, elaboración y transmisión en curso del psicoanálisis lacaniano a nuestra lengua, no ajeno a una experiencia de Escuela (y de Escuela Una), como un trabajo en curso, un work in progress no exento de algunos momentos joyceanos también. Trabajo aun inconcluso, lo sabemos. Verdadera introducción de la letra lacaniana como letra viva, anudada a las experiencias analíticas de los propios psicoanalistas y, por lo tanto, experiencia de Escuela analítica. Planteo que este trabajo de traducción, así entendido y anudado, es central en tanto implica una verdadera experiencia discursiva y de comunidad. Aquí creemos que se funda también, entre otros tópicos, la diferencia entre una escuela psicoanalítica y un mero grupo de lectura.

 

3- La traducción y lalengua

Pero la traducción no solo implica un hacer con el lenguaje, y con los discursos que lo ordenan, sino que también implica una cuestión de lenguas. Al respecto, Miller es claro en Extimidad: “Mientras en el sistema del lenguaje como un todo no hay lugar para la extimidad, la inconsistencia de la lengua al contrario no barra, no forcluye la extimidad, es más, plantea por esto mismo el principio de la imposibilidad de la traducción de Quine”. Dicho principio, el de la indeterminación de la traducción de Quine, se enuncia así: “Es posible confeccionar manuales de traducción de una lengua a otra de diferentes modos, todos compatibles con la totalidad de las disposiciones verbales y, sin embargo todos incompatibles unos con otros”.

Este principio de Quine es puesto en evidencia, en una puesta al absurdo, por los traductores informáticos con sus disparatados resultados, incluso aun los más novedosos como el de Google, que no recurre sólo a criterios formales sino también estadísticos, con esa estadística del infinito que permiten los ordenadores actuales. Como se ve, no nos salvaremos, los analistas, del arduo trabajo de las traducciones. Hacen falta los sujetos traductores para ubicar en contexto el uso y las formas de otra lengua, y hacen falta los sujetos-analistas traductores para interpretar el texto, sus argumentos y conceptos, sus relieves discursivos.

Si lalengua es una declinación del Otro, en tiempos en que para Lacan éste se torna inconsistente, la lengua del Otro como tal será, por ende, un objeto privilegiado de rechazo, de racismo. La experiencia de traducción, en la medida en que pone en juego la dit-mensión de lalengua (y sabemos cómo hecha mano a esto el último o muy-último-Lacan), implica entonces un tener que hacer allí con ese rechazo a la dimensión de extimidad que lalengua del Otro plantea. Ahora bien, Miller aclara: “Si el problema tiene un aspecto de insoluble, es porque el Otro es Otro dentro de mí mismo. La raíz del racismo, es el odio al propio goce”; es decir, a la experiencia de inconsistencia de la propia lalengua. Hemos escuchado la anécdota del filósofo Heidegger respondiendo a estudiantes extranjeros, que se acercaban a su meca, que debían, para aprender filosofía, estudiar antes alemán. No importa si es cierta o no, lo que importa subrayar es que en psicoanálisis partimos de otro principio. Lo enuncia Miller también en Extimidad: “Todo puede expresarse en una lengua”, aunque coloreado de un modo singular y propio, ya que es cada lengua la que inventa y nombra sus afectos. En ese punto tampoco habrá nunca una traducción segura. Cómo traducir al castellano el saudade del portugués. No quedó más remedio que incorporarlo literalmente. Tenemos varios ejemplos de esta operación en psicoanálisis, y no está mal, a Borges también le gustaba la idea de amillonar la lengua castellana.

La cuestión de lalengua propia, privada, y su inconsistencia es abordada por Derrida en el texto El monolingüismo del Otro: “Resumamos: el monolingüe del que hablo habla una lengua de la que está privado. El francés no es la suya. Debido a que está por lo tanto privado de toda lengua, y ya no tiene otro recurso, ni árabe, ni hebreo…”. El ejemplo más extremo de este monolingüismo insalvable, ineludible, quizás lo tenemos en Joyce, como ejemplo literario, en el Finnegan’s Wake, detrás del mayor polilingüismo aparentemente posible. Mario Teruggi (El Finnegan’s Wake por dentro) nos recuerda que tras las numerosas lenguas allí injertadas, por el juego de asonancias verbales eminentemente fonéticas, la estructura que sostiene el texto, no cabe decir historia o trama, es la de una lengua, la inglesa (lengua materna de Joyce): “El lenguaje de base, además del manipuleo que de él hace el autor, está complicado por la incorporación y articulación de voces de otros idiomas. No obstante ello –al igual que el hombre inglés en las colonias o en el desierto- la lengua inglesa mantiene su identidad y su estructura.” Su propia lengua privada, de la que está en parte, a su vez, privado o, a decir de Freda, exiliado.

Para este autor, el analista lacaniano encarna este exilio (Del pase al contrapase). En su caso, para que advenga el pase clínico fue necesario un pasaje de su lengua materna a otra, del castellano al francés. En esta operación “se trata, de alguna manera, de hacer de la segunda el punto de mira, o la lupa hacia la primera”, “trato de mostrar cómo una segunda lengua le extrae, a una primera, un resto, dejando intacto lo real de lalengua o de lalangue.” Como vemos, no se trata de una relación simétrica entre ambas. Es la primera lengua, la materna, la que requiere ser agujereada, para que aparezcan destellos de esa otra lalengua, la propia y singular de ese ser hablante. Joyce necesitó para ello movilizar un arsenal de lenguas (cuarenta y cinco en el Finnegan’s Wake) y de técnicas literarias (Sábato[2] nos dice que el Joyce es una compilación de todas las técnicas literarias existentes). En Freda, el pasaje de una lengua a otra se inscribió en la experiencia de un análisis, en cuyo marco se le reveló un punto de real de lalengua (la imposibilidad de su traducción) “en el momento en que no sabía en qué lengua hablaba”. Los equívocos homofónicos entre distintas lenguas, de los que contamos con varios ejemplos en los testimonios de Pase de la AMP, dan cuenta de esta operación definida por Freda con gran precisión. Por ejemplo, recordemos el equívoco homofónico que transmitía Mauricio Tarrab en relación a su nombre, pronunciado en francés pero escuchado en castellano, Morís. Esa operación, de traducción equívoca, define bien un topos del inconsciente, o un más allá del mismo, en donde vemos cómo un entrecruzamiento de lenguas no quiere decir una simetría de las mismas.

Eric Laurent, en su texto El pase entre las lenguas o Decir Babel[3], llama a este uso del equívoco inter linguas, el régimen del equívoco generalizado. Retoma, a su vez, el equívoco mencionado de Tarrab: “Morís. Nos hace ver cómo la lengua materna en nuestra experiencia es propiamente aquella que dice el fantasma de la madre”. Entonces, es a partir de este ejercicio del equívoco generalizado que de esa lalengua le llegan al ser-hablante algunos destellos (son hápax inclasificables, perlas insólitas y excepcionales), a través de los equívocos que una experiencia analítica posibilita y verifica.

Así pues, respecto de la lengua materna, digamos que “el Otro puede presentarse tanto con figura de lengua como con figura de mujer.”[4] Ese goce que surge a partir de la lengua puede producir un variado abanico de respuestas: el horror absoluto con un exilio indeclinable, en los hechos y en la vida del sujeto (Wolfson), el racismo, el amor, un deseo de traducción y transmisión, etc. Ahora bien, que esa lengua materna tenga para el sujeto un carácter muy particular, no la hace única. Laurent lo precisa de una manera notable en el texto mencionado: “La lengua «privada» del sujeto no es jamás tan única como el sueño de la lengua materna lo supone. El amor del inconsciente no es el amor de esta lengua supuesta primera. Es un nuevo amor del que los lingüistas no hacen sino adivinar su existencia. Nosotros la comprobamos.” Angelina Harari[5] nos ha transmitido en sus testimonios esa divergencia con claridad: “En varias ocasiones, este testimonio esclareció el lugar de diferentes lenguas en mi lalengua, es decir en mi singularidad.”[6] Este testimonio gira en su esfuerzo por establecer esa escisión que se da entre la lengua materna de un sujeto, o las lenguas maternas, y lalengua de su inconsciente. El caso de Angelina Harari nos muestra, nos plantea, una pregunta, a la que quizás deberíamos estar atentos en los análisis, un punto de extrañeza al que arriba: “¿Pero cómo saber cuál es entonces mi lengua materna?” El punto en que lalengua del ser-hablante se revela intraducible con ninguna lengua corriente, en la cual, o en las cuales, el sujeto se vio inmerso en el Otro. Esa integral de equívocos es suya y solo suya. Algunos, los AE por ejemplo, o los poetas, logran hacer pasar, a veces, algo de ese registro privado al de todos.

NOTAS

  1. Miller, J.-A.: “Siete sustituciones para la época”, en:“El Lugar y el lazo”, revista Mediodicho, nº 29, julio de 2005.
  2. Sábato, E.: El escritor y sus fantasmas, Emecé, Buenos Aires, 1976, pág. 24.
  3. Laurent, E.: La Passe entre les langues ou Dire Babel, en: http://www.wapol.org/es/articulos/TemplateArticulo.asp?intTipoPagina=4&intEdicion=2&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=2243&intIdiomaArticulo=5&intPublicacion=13
  4. Milner, J. C.: El amor de la lengua. Editorial Visor, 1998. España, pág. 82.
  5. Harari, A.: La passe, les langues et lalangue, en: http://www.wapol.org/es/articulos/Template.asp
  6. Ibíd.
El Caldero Online Cuatro+Uno EntreLibros
La Red PAUSA ICdeBA IOM2
EOL Wapol FAPOL Radio Lacan