Marzo 2004 • Año III
#9
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Los tiempos del sentido en la experiencia

Estela Paskvan

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José Antonio Berni
Kenneth Kemble
Buenos Aires, 1999

Estela Paskvan, AE de la ELP española, testimonia sobre los avatares del sentido a lo largo de los tiempos de un análisis, el suyo. Ubica en la entrada en análisis el tiempo del sujeto supuesto saber a través de un "eso quiere decir algo", que compromete al sujeto en la vía del sentido. Luego un segundo tiempo de oscilación entre el sentido y el sin-sentido, donde el sujeto construye series con sus dichos, series de significantes con sus efectos de sentido y de verdad. El tercer tiempo es el de la significación absoluta, el tiempo de construcción donde se atrapa contingentemente el axioma, la frase fantasmática. Ese tiempo no es necesariamente el tiempo del aniquilamiento del fantasma. Sólo se realiza esto en un cuarto tiempo, donde se pone en relación el fantasma con lo imposible de la relación sexual, donde lo por contingente se demuestra la imposibilidad. En ese tiempo, el síntoma puede precipitarse en letra o producir un resto incurable. Y habrá una decisión a tomar: consentir o no.

A diferencia de la ciencia, la experiencia de un psicoanálisis implica hacer el pasaje por el sentido a fin de atrapar algo de lo real, para hacerlo ex –sistir. Ese “pasaje” puede modularse en diferentes tiempos y es lo que trataré de explicar sucintamente. Por supuesto, ello atañe a mi propia experiencia.

 

1.- La entrada en análisis

El analizante entra con una creencia que lo compromete en la vía del sentido. “Eso quiere decir algo” implica la instauración de la transferencia, el “sujeto supuesto saber”, según el algoritmo de 1967. El saber supuesto de los significantes inconscientes se reduce a la significación del referente aún latente. La suposición es precisamente esa creencia que animará al analizante en su trabajo analítico, es decir, intención de significación.

Si la interpretación posibilita la instauración de la transferencia es porque la primera es una escansión que provoca la emergencia de sentido o significación. Es entonces cuando se produce la creencia en un inconsciente como ya escrito. Esta creencia será abonada por la repetición, “él no cesa de escribirse”.

 

2.- Tiempo del sentido y sin sentido (no-sens)

La sorpresa del sentido llega, y a menudo con la significación de verdad. Es la razón por la cual la pasión por el sentido y la pasión por la verdad suelen marchar juntas aunque Frege haya señalado que sinn y bedeutung no se confunden.

Existe el tiempo de la emergencia del sentido y también del no-sentido. Pero ambos, como lo ha señalado Jacques-Alain Miller, no están en una oposición exterior [1]. La estructura de la metáfora muestra que, la “chispa creadora” que logra atravesar la barra, es el pasaje del sentido en el no-sentido, puesto que los significantes que se sustituyen no tienen en principio “sentido común”. El analizante lo verifica en la tarea de desciframiento. Por el contrario, si bien el chiste responde a la misma estructura, se revela al revés. Es sólo en la espera de un determinado sentido, un tiempo de suspenso que el que cuenta el chiste sabe crear, que puede producirse el instante del sin sentido que provoca la risa. Pero al final del chiste hay efecto de sentido. “Famillionario”conservará un sentido, éste no se fuga. Es por ello que sentido y no-sentido van en pareja mientras aparezcan como efecto significante.

La emergencia del sentido y del sin sentido produce la sorpresa que revela su contingencia. Es verdad que hay analizantes más dispuestos a uno o al otro. Hay los buscadores del oro del sentido, no muy dispuestos a dejarse sorprender por el sin sentido. Son los trabajadores que no quieren ser interrumpidos por la interpretación. Por el contrario, existen los que la demandan insistentemente con un “¡Sorpréndeme con tus juegos de palabras”!. Por lo general, es el analista que consiente en satisfacerlos el que terminará sorprendido por la impotencia.

El analizante prosigue con el coraje que le procura su creencia, “eso quiere decir”. Así va construyendo “series” con sus dichos, series de significantes con sus efectos de sentido y de verdad. Si bien la verdad, como dice Lacan, es esquiva y vuela como los pájaros, es claro que en este recorrido permanecen las significaciones claves abrochadas a algunos significantes que dan cuenta de las identificaciones y del sentido de los síntomas. Pero el plus de tiempo aún necesario revela lo que resiste a la eficacia del significante; es así como Lacan lo formaliza en su seminario“Aún”: “Uno + a” [2].

 

3.- El tiempo de la significación absoluta

La construcción progresiva del fantasma dibuja el marco que ordena esas significaciones. ¿Qué es el “atravesamiento” de ese marco? Es un momento de revelación, pero no como otros ya experimentados puesto que se pone en juego una verdad como absoluta. ¿Qué verdad? Para decirlo sucintamente, el Otro se revela construido a la medida del goce pulsional, una “fic-jación”, una ficción al servicio del goce.

Atrapar el axioma, la frase del fantasma, permite hallar esa significación absoluta. El trabajo requerido para ello es lo que llamé en mi primer testimonio “una lógica de las consecuencias”. Las series significantes de las que ya se dispone, se ordenan a partir de esa significación.

Hay una ganancia de saber, sin ninguna duda. ¿De qué saber? Fundamentalmente sobre el propio goce, sobre la causa del horror al saber. Es por ello que en este camino inaugurado con la creencia “eso quiere decir algo”, el sujeto termina por verificar un “con eso gozo”.

Sin embargo, las enseñanzas del dispositivo del pase en nuestras escuelas revelan que aún falta tiempo para llegar al acto de conclusión. ¿Por qué -como sucedió en mi caso- este pasaje que implica desmontar la escena, verificar la inexistencia del Otro y el objeto con que se lo colma, es decir, su inconsistencia, no agota el lazo transferencial? ¿Por qué otra vuelta para que el analizante pueda atravesar la puerta de salida como conviene?

Atrapar el axioma del fantasma es contingente. La frase “cesa de no escribirse”. Incluso puede suceder que se logre leer un nombre de goce, el nombre del fantasma. Pero al respecto Lacan ha indicado que es necesario considerar lo contingente en relación con lo imposible, es decir, lo contingente “donde la imposibilidad se demuestra” [3]. Es la demostración que el pasante puede elegir hacer en el procedimiento del pase, poner en relación el axioma del fantasma con lo imposible de la relación sexual.

Según mi experiencia, para ello es aún necesario realizar una operación que implica, por un lado, un vaciado, por el otro, una resolución de goce.

 

4.- El tiempo de "de-cencia" (dé-sens)

Arribar a la significación absoluta también implica una reducción del sentido, incluso cierto fracaso del mismo. Lacan lo dice en su seminario cuando relaciona el significante amo al goce fálico: “Es el medio-sentido (mi-sens), la indecencia por excelencia (l’indé-sens), o si se quiere, la reticencia (réti-sens)” [4]. Me sirvo de la cita para señalar que la operación de vaciado que resta, es precisamente lo que podemos llamar con Lacan, un tiempo de dé-sens. Es preciso comprobar que no hay significación absoluta y tampoco identidad a nivel del sentido, que éste se fuga. Es lo ha prevalecido en este tiempo de mi experiencia.

Una de esas vías ha sido en mi análisis lo que denominé “forzar el sentido de lalengua”. Así lo expuse en relación a determinados significantes abrochados a la nostalgia por el padre. Esa fijación se muestra aleatoria en los momentos contingentes donde sentido y goce se separan. Esa experiencia implicó que el “ritornello” pudiera cesar y un nuevo silencio por fin adviniera. Si como dice Lacan, la ley del significante es el equívoco, no hay verdad absoluta y el sentido es arbitrario.

Otra vía ha sido comprobar la falla que existe entre el Uno y el Otro. Barrar al Otro no significa terminar con la alteridad de un sexo como Otro. Si el Otro está barrado “eso no quiere decir que basta la barra para que nada de lo tachado exista” [5] El sujeto dispone ahora de una certeza para orientarse en el goce: que Uno y Otro no hacen dos, no hay sentido común entre ellos. La falla permanecerá abierta. Es eso lo que “no cesa, no cesará ...”.

La operación produce la resolución de goce en las huellas insensatas de la repetición. El síntoma puede precipitarse en letra o producir un resto incurable. Y hay una decisión que tomar: consentir o no, dé-sens o réti-sens.

Si en “la lógica de las consecuencias” predomina el “si p, entonces q”, en este tiempo prevalece la discontinuidad, una separación entre antecedente y consecuente. Es lo que lo asemeja a la lógica del acto. Si el analizante entró con la creencia “eso quiere decir algo”, es decir, el saber está determinado, ahora tiene la certeza de que es un saber a inventar. Así entiendo la posibilidad de que la puerta se abra para aquel que sale con un “deseo de saber inédito”. Y él elegirá si lo somete a la prueba.

NOTAS

* Resumen de la conferencia en Madrid en el espacio "Enseñanzas de los AE", 1 de abril 2003.

  1. Miller, J.-A., Curso de la Orientación Lacaniana 1995-96, "La fuite du sens",inédito
  2. Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aún, Edit. Paidós, pág. 63.
  3. Lacan, J., "Introduction à l'edition allemande des Écrits", en: Autres écrits, Seuil, pág. 559.
  4. Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aún, Edit. Paidós, pág. 97.
  5. Ibid., pág. 101.
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