Diciembre 2001 • Año I
#4
Destacados

El AME y el Psicoanálisis Puro

Gerardo Maeso

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Julieta Espósito
Sin Título.2005.
Fibra y acrílico sobre madera.
20 x 46 cm.

A partir de un análisis acerca del uso y el sentido de la nominación de AME, en la historia del lacanismo, en cruce con la función del AE, G. Maeso termina sosteniendo que el AME que practica el análisis en la ciudad se tiene que nutrir de las enseñanzas de los AE, porque el psicoanálisis puro es fuente de saber por excelencia, en tanto intenta definir la lógica de la apertura, el transcurso y la conclusión de la cura.

Hay verdaderos interrogantes sobre las razones del mantenimiento de la nominación de AME, que no contó con la simpatía de Jacques Lacan y motivó críticas de Jacques-Alain Miller.

Este último dice: "Lacan decía burlarse de este título y sólo lo daba irónicamente o para proporcionarle a este conjunto paradójico una garantía social que, sin embargo, no se relacionaba con el corazón de la experiencia del análisis ni de la Escuela" (1).

En otro apartado, hablando del psicoanálisis puro, sostiene: "¿Cuáles son los problemas de actualidad para la habilitación del AME de alguien que ejerce hace mucho tiempo? Son cuestiones de clínica, terapia, dirección de la cura, que por otra parte deben mucho al rumor público" (2). Agrega además que su concepción se sostiene en una competencia profesional incierta, ya que no es controlada por ninguna performance (escrito, tesis), está abierto a todos los oportunismos, a las influencias, a las amistades y a las negociaciones. En suma, es lo que permanece de la IPA en el Campo Freudiano.

El título que otorga la comisión se reduce a nombrar lo que es, en tanto alguien funciona como analista y se traduce en una garantía sin riesgo, a diferencia del AE que enfrenta el procedimiento del pase. No hay invención en el AME, y el título, a diferencia del AE –que dura tres años–, está abierto hacia un futuro indefinido.

Preguntamos entonces, cuál es la lógica que en lo social regula las prácticas. Se habla del aviador que debe saber navegar antes que le otorguen su licencia. Se menciona al médico, habilitado cuando demostró estar capacitado para el ejercicio profesional. Este no obstante estar rigurosamente reglamentado, descansa más de lo que se cree en decisiones subjetivas constantes.

El campo de la medicina es tan vasto que es imposible saber todo. Cada especialidad llevaría un tiempo de preparación equivalente al número de años que demandó la formación general.

Una formación aceptable es aquella que posibilita discriminar y decidir sobre lo que no se sabe hacer, o sea encontrar a través de los signos del paciente aquello que regula la intervención y su límite.

Cuando la IPA tuvo que enfrentar la formación analítica, se deslizó hacia la vertiente médica. El analista sólo puede ejercer cuando realizó una performance exitosa. En ella se realizaron:

a) Seminarios evaluados en su recorrido.

b) Dos supervisiones con un mínimo de horas reglamentado.

c) Un análisis llamado didáctico no menos de cuatro sesiones semanales de tiempo estándar.

Al cabo de todas estas pruebas se le dice al candidato "tú eres analista", similar al "tú eres médico".

Pero el psicoanálisis no puede equipararse a una práctica médica, sostenida en una técnica cambiante, para poder ser eficaz. Freud pensaba a la ciencia analítica equivalente a los otros cuerpos científicos.

Lejos de entrar en una dinámica ágil de progreso en el saber, la institución de Freud, solidaria de su psicología de masas, hizo que los instrumentos que permitían la formación, devinieran obstáculos inerciales que transformaron a la IPA, al decir de Lacan, en Sociedad de Asistencia Mutua Contra el Discurso Analítico. El grupo iba contra el discurso.

Así Lacan propone una total desregulación de la práctica que consiste en:

  1. Invertir la concepción del análisis didáctico. En vez de instruir al practicante como su nombre lo indica, se aprende de éste. Los testimonios de los AE producen un saber transmisible y formalizable acerca de puntos cruciales del psicoanálisis, a través de una mecánica institucional altamente elaborada.
  2. El veredicto convertido en condición necesaria "el analista se autoriza de sí mismo" –tal vez la mayor subversión de Lacan–, indica el grado de responsabilidad que todo analista debe asumir en su formación no reglamentada.
  3. La nominación de los AME hoy interrogada, obliga a definir cuál es la formación deseada para el practicante en la comunidad y en nuestra escuela.

En un sentido, la EOL no remeda a la IPA en la nominación de AME, porque es un título que no se pide, se otorga. El año pasado respondiendo a la pregunta acerca de qué garantiza la garantía, decía:

  • La nominación no es resultado de ningún curso regulado en la institución.
  • El miembro ha hecho un recorrido teórico clínico que no se reduce al marco de la EOL.
  • Se ha realizado por lo menos una experiencia de análisis personal.
  • Ha controlado sus pacientes.
  • No hay cuestionamientos a la ética en la dirección de las curas.
  • Que haya conducido con relativo acierto no importando el éxito del tratamiento, más de una cura.

Por lo tanto, hay que evaluar permanentemente el punto de vista y las políticas, porque si no hay formación predeterminada, quiere decir que la Escuela, fundada sobre un conjunto de individuos definidos por relaciones recíprocas, se opone a la institución pensada en torno a la generalidad abstracta de un número indefinido de miembros.

Como consecuencia, la formación cambia de acento; y además de grupos y presiones se observa la dificultad de dar cuenta de lo que consideramos una formación suficiente.

Este dar cuenta debe estar basado en el psicoanálisis puro y no sólo en el restringido –aplicado o terapéutico– que sigue los caminos de las psicoterapias y las complicaciones de las ciencias farmacológicas, dejando de lado al sujeto que habla.

Cuál puede ser la orientación sino aquella sostenida en el análisis en intensión, que espera del pase un progreso para nuestra disciplina.

Hay sujetos que orientan el psicoanálisis en intensión, que pueden no estar en ningún estrato de la Escuela, incluso haber formado parte del afuera, fue el caso de una AE.

Pero la Escuela pretende ser un organismo institucional que produzca analistas, y en dicha producción apunta al psicoanálisis. Hoy tal vez podamos a través del pase interrogar a la clínica psicoanalítica; y el AME que practica el análisis en la ciudad se tiene que nutrir de sus enseñanzas, porque el psicoanálisis puro es nuestra fuente de saber por excelencia, en tanto intenta definir la lógica de la apertura, el transcurso y la conclusión de la cura.

NOTAS

  1. MILLER, J.-A., El Banquete de los analistas, Paidós, 2000, pág 269.
  2. Idem pág. 272.
  3. Exposición realizada en las noches de la garantía del año 2000.
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