Marzo 2018 • Año XVII
#34
Virtualia #34

Editorial: Una resonancia virtual

Pablo Russo

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Eduardo Stupía
Paisaje número 2

Queridos lectores:

Antes que nada quiero agradecer al tan talentoso como humilde Eduardo Stupía, quien generosamente ha aceptado acompañar los textos de este número con pinceladas de su maravillosa obra.

Agradeciendo también al Directorio (2016 y 2017) de la EOL, especialmente a Luis Tudanca y Andrea Zelaya (Director y Secretaria), y al maravilloso equipo de trabajo que me acompañó: Marcela Negro (Secretaria de Redacción), Alejandra Antuña, Silvia Bermúdez, Ivana Bristiel, Juan Mitre, Graciela Schnitzer, Greta Stecher y Hernán Vilar, sin quienes nada de lo hecho en estos dos años hubiera sido posible, pasamos la posta, y deseamos que Alejandra Breglia y su equipo logren continuar haciendo de Virtualia lo que ya es y, ojalá, aun mejorarla.

Ha sido un privilegio y un gusto sostener durante este período esta hermosa tarea. Hemos intentado aportarle algo a esta publicación robusta, consistente y ya instalada en el mundo de habla hispana. Hemos logrado algunas cosas (modernizar y mejorar su diseño, programarle un buscador propio –todo ello gracias al trabajo inestimable del preciso Mario Merlo–, entre otros aportes como hacer la primera Noche de Escuela no virtual y también por primera vez en forma conjunta con la Secretaría de Biblioteca, dar por única vez lugar en la editorial a una colega de la Escuela que no forma parte de su Redacción, volver a contar después de mucho tiempo con un texto de J.-A. Miller, etcétera) pero creo que la muestra de arte y presentación de Virtualia en el Centro Cultural Borges –segunda ocasión en que se hace algo así–-ha sido nuestro más laborioso y preciado aporte. Les ofrecemos en este número un video –con la edición y creación de Santiago Hormanstorfer, quien nos acompañó con los videos estos dos años, lo que mucho le agradecemos– como registro virtual para quienes se la perdieron. Con los artistas que inestimablemente apoyaron, la magia amiga del genial Eduardo Medici y las presentaciones de Silvia Hopenhayn, Mónica Torres y Marcus André Vieira, fue un acontecimiento inolvidable.

Agradezco otra vez todo el background y el apoyo que nos dieron desde incluso antes de comenzar los colegas y amigos Alejandro Daumas e Ivana Bristiel, aportando desde la gestión anterior.

En este número, que no redundaré en comentar sino sólo invitarlos a navegarlo y leerlo, que conserva en sus secciones temas de números anteriores, destacaría la presencia del IOM en la presentación (muy afín al inminente Congreso de la AMP) de Graciela Esperanza, así como la precisión teórica que comparte con por ejemplo la bella y profusa investigación de Blanca Sánchez, una muestra del trabajo del cartel en la presentación de un estado trabajo entre varios sobre un testimonio de pase en el texto de Natacha Zarsoso, o bien que el trabajo de Gerardo Batista se articula con un seminario diurno que sostiene con otros en la Escuela, por nombrar sólo algunos. Así, perlas que trasuntan una presencia viva y en acto de la transferencia de trabajo que se sostiene en diversos espacios y dispositivos de nuestra Escuela, y en el marco de la Orientación Lacaniana.

Hacer una revista es un berretín que practico desde muy joven y seguramente continuaré siempre, pero en el house organ y "virtual" de la EOL, ha sido un desafío y una experiencia nueva, de mucho aprendizaje e inolvidable para mí. Agradezco a nuestros ejes de orientación (a los que siempre intentamos conectar un poco con el otro de la ciudad y de la época), la Escuela y los lectores, esta oportunidad que atesoro.

Esperando sigan conectados, que Virtualia siga llegando a ustedes y resonando en vuestras lecturas, vuestras práxis y también en vuestros cuerpos, me hago eco de las palabras de Marcus André Vieira (quien por la EBP-AMP nos acompaña esta vez con un texto osado, delicioso, genial) cuando refiriéndose a aquellas dimensiones vivas, presentes, en el análisis pero que no tienen traducción, en tanto su traducción es imposible, y justamente esas que dirían el misterio de lo que somos, nos las acerca como quisiéramos que les llegara nuestro trabajo: "… se dicen sin remitir a ninguna explicación o traducción, sólo por mantenerse como tales. Sólo resuenan, restan como el olor azul de una tarde única, o el sonido de la manteca en el pan".

Los saludo con afecto y en nombre de todo el Comité de Redacción, Pablo.

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