Noviembre 2020 • Año XIV
#39
La Ola de Caracas...

Caracas, un giro en la formación

Jorge Chamorro

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Enigma vs. lógica

El encuentro de Caracas fue una despedida y un encuentro. Era la última vez que muchos veríamos en persona a Jacques Lacan, fue el comienzo de un larguísimo encuentro con Jacques-Alain Miller. El desencadenante de ese encuentro fue su texto: “Cláusulas de clausura de la experiencia analítica”.

J.-A. Miller, a quien conocía de nombre y como filósofo, me sorprendió hablando del final del análisis, el fantasma, su atravesamiento y el plus de goce, todos orientados a la clínica lacaniana. Su transmisión, más lógica que enigmática, chocó con el discurso predominante entre nosotros, y alojó a los llamados clínicos de esa época.

Paradoja sorprendente, un filósofo que hacía presente la clínica, más allá del deseo, apuntando al final de un análisis. Tanto en su transmisión como en la articulación de sus conceptos, produjo un corte epistemológico, que después descubriríamos como el primer paso de un recorrido, que se afirmaría con el Seminario “Síntoma, fantasma y retorno”.

A este texto se sumó el de Eric Laurent, “Lo que Melanie sabía”, trazando una crucial diferencia entre el inconsciente lacaniano, estructurado como un lenguaje, y el inconsciente kleiniano, estructurado como una fantasía.

El significante predominante del Encuentro fue: “Disolución”.

Algunos de nosotros interpretamos este significante, como una disolución constante, y como un cuestionamiento a la existencia de la Institución psicoanalítica.

La fundación de la Escuela, vino a reinterpretar esta forma de entender la disolución.

En conclusión, dos saldos: 1) la presencia de la clínica lacaniana y 2) una vertiente institucional marcada por la disolución.

 

Anécdota

Jacques Lacan entró al hall del hotel donde nos encontrábamos todos conversando. Nos acercamos a mirarlo. Se paró muy cerca de cada uno de nosotros, sin hacer ningún gesto, ni formular palabra alguna, y con una mirada penetrante, iba pasando de uno a otro. Se invirtió la escena: primer paso, lo miramos; segundo paso, fuimos mirados por él. Para mí era una escena repetida. Había vivido la experiencia de su mirada en su consultorio. La diferencia fue que en el consultorio lo hizo en dos oportunidades, y me vi llevado a repetir mi presentación exactamente igual, lo que me produjo un cierto efecto de ridículo.

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