A cada uno...
De Aníbal Leserre
Adrián Scheinkestel
Grama, Buenos Aires, 2013
Elogio de la sombra
Voy a presentar al libro y a su autor, como corresponde cuando aquel, toma al psicoanálisis como su referencia fundamental.
Todo libro tiene una ambición: la de producir una discontinuidad en lo simbólico, y éste... lo logra.
Aníbal Leserre es un intelectual, un militante, un pensador, un lector, amante de los libros.
A quien no lo sepa le cuento, y a quien lo supo, se lo recuerdo: Aníbal ha sido el creador de la Biblioteca de la Escuela.
Si no han estado en ella últimamente, les aconsejo que se den otra vuelta por allí, antes de que sea desarmada en ocasión de la próxima mudanza de la Escuela, el año próximo. Encontrarán allí, además de muchos y valiosos libros, mucha madera...de la buena. Elegida por él, hace más de 20 años...otro de sus amores. Madera y madera; no tablets and e-books yet!!
Y también, Aníbal es...escritor! Si no me creen, busquen próximamente en las librerías, encontrarán una novela titulada Contra el destino, que les recomiendo.
Aníbal Leserre ha sido uno de los 2 primeros AE de la Escuela, desde 1996 a 1999, poco después de que el dispositivo del Pase se pusiera en funcionamiento, en 1995.
Comprobarán, que más allá de la caducidad de la nominación (su duración es de 3 años), los trabajos presentados en este libro, como en los anteriores, prueban la permanencia, la vigencia de esa nominación, abordando los problemas cruciales del psicoanálisis en la actualidad.
Dan prueba de la interlocución, más bien silenciosa, que sostiene en la Escuela y con la Escuela. Se trata del testimonio permanente, pensado en la perspectiva de la formación permanente del psicoanalista, como el mismo lo afirma.
¿Porque este título, "Elogio de la sombra", para esta presentación?
Sombra: privación o disminución de luz en un lugar, por la interposición de un objeto entre el foco de luz y él.
Es un título que tomo prestado de un escritor japonés: Tanisaki.
Es para subrayar la importancia de la oscuridad o de las sombras, para el pensamiento...y para el psicoanálisis. ¿Se lee mejor en la actualidad, con las luces de neón? "Baltimore al amanecer, es el inconsciente", concluía Jacques Lacan.
En 1964, en el Seminario XI, Jacques-Alain Miller le dirige una pregunta a Lacan, sobre la relación de la Pulsión con lo Real. Responde, y a su vez le pregunta si ha aportado algunas luces. Y Miller contesta: "algunas luces y algunas sombras".
La escena analítica también es favorecida por cierta penumbra. Por cierta invitación a deponer la mirada, deponer aquel objeto que adquiere cada vez mayor importancia en la civilización actual.
Poner un poco a distancia la potencia de la sugestión hipnótica...y escuchar. Se oye mejor con un poco de oscuridad.
El niño es un pequeño espía con sus orejas, que captan algunos ruidos, que le permitirán inventar algo, ahí donde no hay relación sexual.
Y si no, serán sus propios ruidos, que lo delatarán ubicándolo en el centro de la escena, esta vez sí, en el campo escópico.
La sombra también es un índice del cuerpo, y salvo que la fuente lumínica, caiga verticalmente, justo sobre nuestra cabeza, a la hora de la verdad, ella se hará presente, extendiendo nuestro cuerpo. Hay un libro que se llama El hombre sin sombra.
La sombra no es la oscuridad, pero este pequeño recorrido me permite acercarme a uno de los trabajos de Aníbal en la sección que aborda la Transferencia: "La oscura percepción de sí". Allí, él aísla este sintagma, de un breve escrito de Freud, de 1938, que fue encontrado tras su muerte y publicado en 1941: "Conclusiones, ideas y problemas". Cito:"Conclusiones", plural que no habla de la conclusión definitiva; "ideas", que se pueden vincular con el deseo, que trasciende a la duración biológica o a la cercanía de la muerte; y "problemas", en tanto dejar abiertas nuevas perspectivas, en tanto y en cuanto, el psicoanálisis sostenga su posición con respecto a la subjetividad de la época.
Se trata del último párrafo, que dice así: "mística, la oscura percepción de sí del reino que está fuera del yo, del ello".
Aníbal ubica, en primera instancia, esa oscura percepción de sí, como el inconsciente; que ese reino referido por Freud no es del orden del oscurantismo.
Igualmente no lo deja de asombrar esa formulación, y ubica allí, "mística", como un adjetivo, que incluye el misterio, la razón oculta, lo enigmático... y avanza, para inferir, que la "percepción de sí" es una ganancia de saber sobre el inconsciente en su dinámica de apertura y cierre.
Plantea la posibilidad de transmisión sobre la "oscura percepción de sí", sobre lo desconocido de cada uno. Y lanza la pregunta de si "es posible que la ganancia de saber producto del análisis cubra la oscura percepción de sí" y se responde que si la división del sujeto marca el exilio irremediable con la naturaleza, el fin del análisis no pone fin al mismo, sino que sostiene una respuesta alcanzada, una respuesta que deja al sujeto frente a su inconsciente y a su goce en la línea de un saber hacer.
Cito: "ubicar el fin y el resto en relación a la oscura percepción de sí, es un fin que se ubica relativo a una experiencia, una respuesta al enigma que lo hace definitivo, en el sentido de pérdida de la ilusión de que sería posible, la reconciliación con la naturaleza".
Se trata de mantener abierta "la oscura percepción de si" y...transmitir los resultados, nos lleva a sostener una teoría de lo incurable del síntoma.
Y más allá del nominado AE, todo practicante del psicoanálisis, puede acercar su subjetividad al deseo del analista, es decir, a hacer existir el psicoanálisis.
En otro de sus trabajos, ("La aplicación del psicoanálisis, operar convenientemente"), Leserre opone al psicoanalista portátil, figura del alienado por la demanda de la Salud mental al servicio de mejorar la especie humana, la figura del analista extraño, que citando a Miller, es el analista "que sólo puede operar a condición de responder él mismo a la estructura de lo extraño".
Lo extraño lo podemos poner en relación a la falla, al fracaso, si nos situamos ahora en otro texto de Aníbal: "Religión y Nombre del Padre". Allí él escribe que éste no es un mal lugar para el psicoanálisis en la vía de resolución del goce doloroso. Que le conviene, en tanto la religión continúe en su vía de triunfo y los logros de la ciencia angustien.
Es también por este sesgo, que Aníbal concluye su excelente estudio sobre Foucault. Toma lo que sería la intuición inicial de éste, la rareza. Cito: "Rareza que nos dice que no existe la racionalidad y no creo que desde el psicoanálisis podamos estar en total desacuerdo, ni con la rareza, ni con la afirmación de Foucault, respecto de la racionalidad, después de todo, la práctica del psicoanálisis implica..."sencillamente, abrir los ojos ante la evidencia, de que nada es más disparatado que la realidad humana" (Lacan, 1956)".
Todo este último recorrido, a mi modo de ver, ubica en perspectiva, eso que llamamos Paranoia, como estado nativo del sujeto, estado que lo enfrenta con un significante venido del exterior, bajo el modo de la intrusión. Y frente al cual queda en un cierto estado de perplejidad, perplejidad de la cual podrá surgir, si es que cuenta con otro significante, que lo enganche a una cadena, a una comunidad de significantes.
Y ese estado nativo del sujeto, es lo que el analista en su formación debe tener en su horizonte. Disciplinarse, es lo más difícil de la formación, en no precipitarse demasiado rápido en ir en busca del sentido, en busca de lo ya sabido (que se tiene en el bolsillo), en busca del tiempo perdido, en busca de ser un abonado del inconsciente.
Presentación del libro A cada uno de Aníbal Leserre realizada el 12 de julio de 2013

