Octubre 2001 • Año I
#3
Virtualia #3

Virtualia N° 3 o el placer de la lectura

Ricardo Seldes

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Bertrand Russell, el filósofo y matemático galés, frecuentemente citado por Lacan, escribió en 1930 un breve estudio llamado "The conquest of happiness" (La conquista de la felicidad). Obra escrita en el período de entreguerras, se desarrolla en una posición pacifista y de antagonismo a las posturas de los bandos que lucharon durante la primera conflagración mundial. En este ensayo desarrollan sus preocupaciones por la resistencia humana a encontrar la felicidad, siguiendo quizás a Séneca, quien al pregonar la dificultad de conseguir una vida feliz decía: "uno se distancia tanto más de ella cuanto más empeñosamente avanza, si es que se da el caso de haber equivocado el camino; y la misma velocidad resulta causa de su mayor alejamiento".

Russell toma temas que son hoy candentes, reacciona por ejemplo contra el trato desfavorable que las sociedades dan a las mujeres. También se ocupa de comparar el papel de los audiovisuales comerciales con lo que él denomina el placer de la lectura. Señala, con alivio, que quien disfruta con los libros es superior a quien no, ya que, según él, habría más oportunidades de leer que de ver fútbol (recuerdo que es un escrito de 1930). En el capítulo sobre el entusiasmo, llega a afirmar que "cuantas más cosas le interesen a un hombre, más oportunidades de felicidad tendrá". Bella manera de definir ese estado sublime.

El mundo ha cambiado en muchos aspectos desde entonces, y la hipotética facilidad se ha complicado. Los monitores de las computadoras (o de los ordenadores), los videos y la televisión más inmediática que mediática, ocupan la mirada del hombre moderno, aunque por supuesto, hay quienes se resisten a quedar capturados por los medios, en un mundo de desconocidos voyeuristas.

¿Cuál es la diferencia entre una ciudad de desconocidos y un pequeño pueblo o aldea? Los habitantes de las aldeas tienen el mismo horizonte, comparten sus costumbres, constituyen una comunidad y al mismo tiempo esa vida "controlada", les evita los sobresaltos. La ciudad, la gran ciudad en cambio, agrupa gente que llega de todas partes, anónimos con lenguajes múltiples, con placeres diferenciados, quizás más intensos y delicados. En la aldea se reconoce a la gente por su nombre, se sabe cual es su trabajo, son más fáciles las recomendaciones, y se conoce la vida de cada quien, sin que se deba contar demasiado. En cambio, el misterio de los habitantes de la ciudad crea el terreno para que cada uno tenga que contar su historia, por supuesto, si es lo que desea.

Pero es verdad que tanto los que habitan en las aldeas como los de la ciudad buscan conocer las historias de los viajeros, los que llegan para decir de sus experiencias.

Virtualia tiene ya tres números on line. Están allí para que nos enteremos del relato de las aventuras de cada quien en nuestra causa analítica. Parto de la tesis de que en un análisis hay una búsqueda de la causa, más particularmente la del malestar. Y para contar una buena historia que todos puedan escuchar, nos sostenemos en los fundamentos analíticos.

Virtualia se lee en la pantalla de la computadora-ordenador, y si el lector lo prefiere, con un simple clickeo de su mouse, edita un libro en el formato que más le convenga. Es fácil para encontrar, su equipo de redacción nos da instrucciones que simplifican su manejo, son textos cortos, precisos, van al punto.

Los numerosos habitantes de Virtualia, como los de Las mil y una noches, comparten una misma afición por los relatos. Los lectores de Virtualia, en su tercer número, saben que existe un instrumento electrónico para deleitarse con su lectura. Bertrand Russell estaría satisfecho con la invención de la revista electrónica. Como lo sugiere el ensayista peruano Luis Loayza, hasta los genios malignos de las lámparas maravillosas ceden ante el encanto de una historia bien contada, deponen el arma que ya habían levantado y se disponen a escuchar.

Lectores de Virtualia, encontrarán en este número un artículo para cada noche; seguramente atenderán a esos relatos y demandarán su continuación.

El cuarto número deberá apresurarse para salir.

Queridos lectores de Virtualia, pidan, pidan por más: hagan leer su deseo

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