
Torso para Beatriz
Cartapesta, papel, metal, óleo.
Diana Chorne
En este reportaje realizado en junio de 2003, Judith Miller expone las razones de la articulación y diferenciación de la AMP y el Campo Freudiano, así como las del desdoblamiento geográfico de las ciudades.
A la luz del Encuentro PIPOL en París llevado a cabo el 14 y 15 de junio pasados, y el próximo Encuentro Americano en Buenos Aires, J. Miller otorga al psicoanálisis y a la figura del psicoanalista la responsabilidad de dar respuestas a las preguntas de nuestra época, en la que “el discurso del amo alimenta el malestar y refuerza ciegamente lo real del síntoma”.
Silvia Baudini: En esta ocasión habrá dos Encuentros: PIPOL en París, Encuentro Americano en Buenos Aires. Europa y América y un solo tema: el psicoanálisis aplicado a la terapéutica. ¿Qué puede decir Usted de esta apuesta?
Judith Miller: Si, es una novedad en varios planos, por lo tanto está sobredeterminado. Primero, como sabes, era necesario lograr salir de la rutina que nos amenazaba al cabo de once Encuentros Internacionales del Campo Freudiano. Esta rutina constituía un obstáculo a la efectividad (Wirklichkeit) del período en el cual entraba el Campo Freudiano. La era en que debíamos cortar el cordón umbilical con la AMP que resultó de diez años de gestación, y reconocer a la AMP como un sujeto entero, es decir teniendo sus propias finalidades, las que le competen a las Escuelas de psicoanálisis, tal el concepto que de ellas ha dado Lacan. La rutina impedía hacer la distinción entre el Congreso de la AMP, en el cuál participan sus miembros con temas que conciernen a las Escuelas, y el Encuentro Internacional del Campo Freudiano en el que participan practicantes preocupados por la clínica psicoanalítica y curiosos por su teoría, de los cuáles, algunos, no todos, vendrán al psicoanálisis y a la escuela de psicoanálisis de la que reciben sus efectos. ¿Recuerdas el XI Encuentro y el II Congreso? Qué difícil nos fue hacer comprender la diferencia entre ambos. El efecto fue desastroso tanto para el Congreso como para el Encuentro. Lo remediamos con dulzura y firmeza yendo más rápido en el 2002 y desdoblando geográficamente las ciudades en que se realizan uno y otro.
Esto valía la pena: el Congreso fue de un nivel científico notable y los miembros de las diferentes escuelas pudieron conocerse unos con otros. El Encuentro encontró una fórmula completamente nueva, con un primer día constituido por simultáneas en que cada una de las redes del Campo Freudiano demostró que podía exponer su trabajo en una jornada internacional a partir de una reflexión verdadera sobre el tema, trabajada asiduamente en cada uno de sus grupos, y a través de los intercambios entre ellos. Fue un modo fructífero que testimoniaba de los estudios y de las investigaciones en los grupos del Campo Freudiano: no había ni una sola intervención de algún caso referida por algún clínico que no tuviera algo que ver con el tema del Encuentro, cada Jornada estaba estructurada y compuesta por intervenciones seleccionadas sobre el tema de la Clínica de la sexuación, retrabajados con la Comisión científica, discutidos por el grupo al cual pertenecían el autor o los autores.
Esta fórmula permitió que se tomara conciencia en las Redes del Campo Freudiano que ellas tenían una responsabilidad, que una intervención no es sin consecuencias. Permitió constatar su inventiva, su diversidad en una orientación común, y relanzar el deseo de conocer mejor la obra de Freud y la enseñanza de Lacan, dar un mayor lugar al psicoanálisis.
Existe la articulación entre la AMP y el Campo Freudiano, si la diferenciación es clara, la confusión hace en ella de tapón.
Y el anuncio del programa PIPOL hecho por Jacques-Alain Miller antes del Congreso de la AMP es genial desde este punto de vista. Ella sorprendió. ¿Pero qué indicaba? Que las cuestiones de psicoanálisis puro de las que trata la AMP encuentran su razón de ser en la práctica analítica donde puede salvaguardarse la especificidad: si no hay analistas, no hay psicoanálisis. Pero inversamente es inimaginable que los psicoanalistas descuiden en nombre de la pureza del psicoanálisis sus aplicaciones, en suma que afinen el instrumento para no servirse de él. No podrían refugiarse en formar psicoanalistas e interrogar el fin de análisis, tienen que asegurar lo que Lacan define como la segunda sección de su Escuela, la del psicoanálisis aplicado a la terapéutica: todos tienen demandas de análisis de parte de personas que sufren y son llamados a reconocer la parte que les compete en sus síntomas.
El programa PIPOL (programa internacional de investigación sobre el psicoanálisis aplicado de orientación lacaniana) concierne al psicoanálisis aplicado en los consultorios privados de los psicoanalistas de la AMP, concierne también a este mismo y también diferente psicoanálisis aplicado en las instituciones que sostienen miembros de la AMP y otros practicantes. Es sin duda hoy en las instituciones donde se hacen las más numerosas demandas terapéuticas. El psicoanalista no puede ser sordo a estas demandas.
Todos los practicantes del Campo Freudiano se hacen cargo de ello y no quieren confortar normalizando al modo cognitivista, comportamentalista o cualquier otro que adapte a cada uno a las normas del mercado empujando a un goce cada vez más antagónico con el lazo social, reduciéndolo al único estatuto de consumidor, sin invención y donde cualquier particularidad debe ser absorbida por una suerte de cajón identificador que lo desconoce tanto mejor.
El desdoblamiento de los Encuentros de cada lado del Atlántico marca la confianza que hay que tener en la dinámica de la articulación de las finalidades de las Escuelas con las del Campo Freudiano: un trabajo a la vez más en profundidad y más extendido, en intensión en la extensión, que eche raíces localmente gracias a una orientación sólida y compartida.
Acabo de leer el Boletín Nro 9 del Primer Encuentro Americano, y creo ver en él que en Argentina ustedes tienen exactamente las mismas discusiones que nosotros: cómo aprender a conocer las situaciones locales, insoslayables, para lograr intervenir en ellas adecuadamente, es decir inscribir allí la especificidad del descubrimiento freudiano tal como lo actualiza la orientación lacaniana.
Nos queda mucho por hacer, no intercambiamos aún lo suficiente nuestros resultados, sin duda porque recién comenzamos a investigar, y sería prematuro extraer conclusiones de un trabajo que aún no hemos conducido sistemáticamente, que encontró algunas reticencias, puede producir malentendidos y torpezas, por lo tanto hay que pesar las consecuencias con justeza y explicitar siempre más finamente los objetivos y los límites.
Me parece que el IV Congreso de la AMP sobre los principios de la orientación lacaniana nos ayudará mucho si sabemos aportar allí lo que nos habrá enseñado del contexto en el cual el psicoanálisis es esperado por los jóvenes practicantes y los menos jóvenes. Solo el psicoanálisis puede sacarlos del marasmo en que están, acorralados por un discurso del amo que alimenta el malestar tanto más cuanto que se refuerza tan ciegamente sobre lo real del síntoma. Tener como única meta la erradicación del síntoma condena a todas las prácticas psicologizantes y psicoterapéuticas a la impotencia, porque no toman en cuenta el goce propio de cada uno cuya inscripción por la invención en el lazo social es posible de encontrar en el caso por caso. Es decir que el psicoanálisis aplicado lleva agua al molino del psicoanálisis puro que sin él daría vueltas en el vacío, o a lo que vuelve siempre a lo mismo dogmáticamente. No hay ortopraxia, la única práctica analítica es aquella del uno por uno, de la que debemos extraer los principios y hacer entender lo bien fundada que está.
En una palabra, la apuesta es para nosotros que nos reclamamos de la orientación lacaniana, tomar nuestras responsabilidades: medir las consecuencias de lo que hacemos y no producir de cualquier manera, sino de la buena manera.
SB: ¿Cómo se organiza el Encuentro en París?
JM: La organización del Encuentro toma en cuenta que los psicoanalistas tienen que hacer conocer lo que hacen en respuesta a las preguntas de nuestra época. La figura del psicoanalista limitando su campo de acción a su consultorio privado ya no existe. La prueba es el volumen preparatorio del Encuentro Pertinencias del psicoanálisis aplicado.
Este Encuentro tendrá lugar los días 14 y 15 de junio en el Palacio de los Congresos.
La Comisión de Organización ha dispuesto 9 simultáneas el 14 de junio y sesión plenaria el 15 de junio.
Las simultáneas son: Jornada de Bibliotecas: « Elementos de epistemología de la práctica en instituciones ». Jornada del Cien: "Reconocer, adivinar, dispensar". Jornada de Clip-Medicina: "El hospital y las elecciones imposibles". Jornada de RI3: "Las estrategias del psicoanálisis en las instituciones". Jornada del T y A: "De la institución al síntoma". Jornada de las Secciones clínicas (en 3 salas simultáneas): "Presencia de la institución en la clínica"
El Plenario tendrá como título: « Autoridad clínica y excepción » y contará con colegas de Francia, España, Bélgica, Italia. Participarán también filósofos, historiadores, políticos sanitarios, médicos clínicos. Los temas que se abordarán tocan las cuestión de la excepción en la política médica, la autoridad clínica, la invención lacaniana.
Un programa que intentará responder algunas preguntas: ¿Qué formas de lazo social se tejen hoy, en qué el discurso analítico tiene un remedio para ello?¿ Qué movimiento operar para cambiar un establecimiento escolar, de salud pública, educativo o de justicia en una institución que sepa acoger el fuera de la norma? ¿Cómo entender la cuestión hospitalaria como lugar de una clínica verdadera? ¿Qué recursos movilizar en las instituciones para acoger al sujeto y su síntoma? ¿El psicoanálisis puede recurrir a la institución? En qué la institución lo sirve?¿En qué lo evita? Es sobre esto que testimoniarán diferentes practicantes del Campo Freudiano y miembros de las Escuelas para dar razón de su presencia en su consultorio, en las instituciones, y en la ciudad.
SB: Psicoanálisis puro, psicoanálisis aplicado. Encuentros, Congreso AMP. ¿Ve usted en ellos una serie para el porvenir?
JM: ¿No sé a qué llamas una « serie »? Un programa es una dirección, esta dirección se elabora a medida que nos aproximamos, que aprendemos a acercarnos... cuanto más numerosas son las vías que tomamos para alcanzar esto, más se precisa y se hace atrayente. El las condiciona. La serie remite a lo serio. Una vez más nos queda casi todo por hacer, y es según lo que vayamos a hacer que la serie será seria, es decir tejida de diferentes componentes cada vez, sin automaton, sin repetición de lo mismo, por lo tanto sin inercia. Acoger la novedad se vuelve más exigente, debe ser simpre mejor elegida, mejor fundada. Para responder el título del libro de Robert y Rosine Lefort « La distinción del autismo » (genitivo objetivo y subjetivo) que acaba de aparecer, la serie sí, si es el fruto y el instrumento de la distinción. Distinción de la AMP y del Campo Freudiano, distinción de cada cita, en la cual respondernos a nuestra espera: la de un resultado que nos saque de la confusión y nos haga encontrar lo nuevo.
8 de junio de 2003
Traducción: Silvia Baudini